INTRODUCCIÓN A LA ASTROLOGÍA, ESA EXTRAORDINARIA Y PERSISTENTE SUPERSTICIÓN
A pesar de la distancia temporal que nos separa de antiguas civilizaciones tales como la egipcia o la romana, y de las diferencias culturales como las existentes entre las culturas orientales y las nativas americanas, la atracción por el mundo celeste y sus misterios no ha dejado de ejercer una gran influencia sobre la imaginación popular. Desde que el ser humano existe, cabe deducir que ha habido un constante intento por relacionar los acontecimientos extraordinarios, los distintos caracteres humanos y el curso de los ciclos históricos con el rotar infinito de las estrellas
Encontramos signos inscritos relacionados con las estrellas desde la más remota antigüedad: tanto en civilizaciones como la de Mohenjo Daro, donde aparece un alfabeto ideográfico que contiene referencias estelares, así como en asentamientos y monumentos de la edad de piedra, tales como es el caso de Stonhenge, auténtico observatorio astronómico. En la antigua China existían descripciones sobre un conjunto de 108 estrellas consideradas sagradas. También entre los mayas de América y así mismo en las culturas más cercanasTambién entre los mayas de América y, asimismo, en las culturas más cercanas y conocidas que están en el origen de nuestros propios signos astrológicos modernos, como Babilonia y Grecia, en todos estos casos encontramos testimonios de una profunda relación con el cosmos..
El dilema moderno: ¿fraude o lenguaje olvidado?
Hoy en día, en plena era tecnológica y de ciencia positiva, los diarios continúan publicando sus secciones astrológicas y en Internet podemos encontrar millones de páginas dedicadas al tema que nos concierne. Cabría pues preguntarnos sobre la naturaleza de este fenómeno:o nos encontramos ante el mayor fraude histórico y, por tanto, ante la muestra más clara de la credulidad humana, o bien existe algo más que una persistente superstición.
Si bien el hecho de que un gran número de genios y sabios desde la antigüedad hayan creído y utilizado la Astrología no es prueba suficiente a favor de su validez, tampoco es un argumento definitivo que la ciencia moderna no solo no crea en ella, sino que además la consideren como no digna de su atención en ningún aspecto, pues la ciencia, como es sabido, reforma y actualiza sus propios paradigmas con el paso del tiempo.
No obstante, nos hallamos ante una realidad sutil que, si bien no se ajusta a la rigidez de los hechos empíricos y contrastados, conserva una verdad interna. Quizá el problema, y este trabajo apunta a ello, consista en que el sistema astrológico contemporáneo es parcial y limitado: una estructura que parece operar únicamente a través de individuos muy intuitivos y expertos que pueden obviar o remendar los evidentes fallos del mismo.
Claro está que, cuando la Astrología con sus complejidades y lagunas cae en las manos de comerciantes sin escrúpulos, el sistema no funciona o si lo hace consigue resultados aleatorios que no son repetibles ni verificables. Falta algo. Una simple revisión somera de una carta zodiacal nos mostrará que el sistema no es simétrico, que los puntos claves del ciclo están desplazados, que equinoccios y solsticios no se corresponden con la realidad, y que ni siquiera el número de constelaciones enumeradas en la astrología clásica son las que se conocen en la astronomía moderna.
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La perspectiva física frente a la mirada simbólica
Ahora bien, todo sistema astrológico se funda sobre agrupaciones estelares o constelaciones, algo que dicho así parece demasiado obvio. Sin embargo las estrellas en el curso del tiempo cambian su posición; aún más, las llamadas constelaciones, su agrupación visual en figuras animales que explican su función y su nombre, es una pura convención que no posee base real: se trata de meras ilusiones ópticas: las estrellas que las constituyen se encuentran a menudo en regiones distintas del espacio, separadas por enormes distancias temporales y físicas.
Lo mismo podría decirse de los planetas: ¿cuántos deben considerarse?, ¿los siete planetas sagrados de la tradición, que incluyen al Sol y a la Luna, que no son planetas? ¿O aceptamos los planetas que la ciencia nos indica? Muchos astrólogos, traicionando la tradición aceptaron a Plutón como planeta a considerar en las cartas natales, y ahora la ciencia, siempre tan cambiante, nos dice que Plutón no es un planeta que pertenezca realmente a nuestro sistema solar, comprometiendo así la postura de aquellos que pretendieron unificar forzadamente el simbolismo tradicional con el criterio científico del momento.
De ahí el persistente debate entre la ciencia y la astrología, y el intento continuo por parte de estos últimos de calcular y recalcular las posiciones celestes para incluir en sus análisis al llamado fenómeno de la precesión equinoccial, es decir el cambio relativo de las posiciones estelares a lo largo de los siglos debido al movimiento pendular del eje terrestre.
El presente trabajo no intenta repetir lo que hasta aquí se ha dicho, ni se centra en la explicación de asuntos que pueden ser más fácilmente consultados en cualquier manual al uso sobre astrología. Más bien el interés de este análisis radica en investigar y asentar las bases y las evidencias que justifican la existencia misma de este sistema simbólico complejo y rico, y sobre todo fecundo.
La Astrología no trata solamente del movimiento de las estrellas y los planetas, y no sólo estudia su posible influencia sobre el comportamiento de los seres humanos, siendo de hecho ésta la parte más conocida por el público en general. La Astrología es también y sobre todo un legado simbólico: un lenguaje secreto cuyas claves permitieron comunicar ciertos conocimientos que estaban relacionados con la Alquimia, con los ciclos especiales relacionados con la sucesión histórica de las razas y naciones del mundo, utilizado también en Medicina y hasta en el Arte y la Filosofía, y que por tanto merece ser estudiado aunque sólo fuese por eso.
El estudio de sus claves simbólicas nos permitirá adentrarnos en algunas partes de este sistema codificado, en su lenguaje total, que forma parte de nuestra herencia cultural. Sin ese lenguaje, miles de textos y referencias del pasado permanecerán cerrados para nuestro entendimiento. Cuando los científicos rechazan y hacen mofa del sistema astrológico y de su realidad operativa, algo que habría que discutir, olvidan la necesidad imperiosa de su estudio al menos desde un punto de vista cultural, histórico y filosófico. Nunca entenderemos el mensaje de los antiguos sin resolver este código encriptado y si arrojamos a la basura del olvido a la Astrología por ser “anti-científica”, tengamos cuidado de no arrojar también una llave esencial del conocimiento humano.



